Del desafío al estilo de vida

Se dice, que nunca se deja de aprender en esta vida y que los niños nos pueden enseñar mucho, de lo cual hoy puedo dar fe. Cuando solicité el puesto me preguntaron entre otras cosas, si alguna vez un niño me había ayudado a resolver un problema a través de un juego, o si mis habilidades puras de observación me habían dado a nuevas ideas. Mi respuesta fue un claro no, ☹. Ahora es genial y, a veces incluso divertido, que mis niños me enriquezcan exactamente con esta experiencia. Definitivamente puedo decir, que he crecido como persona solo con este desafío. He desarrollado habilidades que no creía tener, o ni siquiera sabía que tenía.
El reto de trabajar con mis niños es una aventura diaria para mí. Noto como todos y cada uno de ellos avanza en sus debilidades. También encuentro, que una debilidad se equilibra con otra fortaleza, y todos los niños son inteligentes. Cada uno de nuestros niños tiene habilidades diferentes, todos son personalidades muy diferentes. Tienes que adaptarte a estas circunstancias para lograr el objetivo que está en tu centro.
Le debemos todo este progreso al método María Montessori, que comenzamos a implementar hace un año y ahora lo estamos poniendo en práctica constantemente. Los juegos Montessori lo cambiaron todo. Nos dimos cuenta de que un niño no puede aprender estando constantemente atado a un lugar. Un niño debe poder moverse, el material de aprendizaje debe llevársele de una manera divertida y lúdica. Mientras dejamos que el niño aprenda en un ambiente alegre, él es feliz. Su felicidad se nos contagia, y un niño feliz es capaz de cualquier cosa.
Mi trabajo sigue siendo un reto diario, que acepto con gusto. Lo que inicialmente vi simplemente como un desafío, ahora lo veo desde una perspectiva diferente. El reto se ha convertido en mi estilo de vida. Mis niños son mi vida ahora. Me llena de alegría apoyarlos en todo lo que necesitan para «crecer». Enseñarles siempre un poquito más y sobre todo aprender de ellos. Cada uno de ellos es maravilloso con un gran potencial. Cada uno es especial, así que para mí el trabajo se ha convertido en parte de mí ahora. Es más que simplemente hacer un trabajo. Es el amor por el niño y por la tarea de que cada niño pueda lograr, lo que parece inalcanzable en este momento. Nuestros niños pueden lograr lo que quieran, porque su potencial está ahí.
La estrella que lleva cada uno de nuestros niños por dentro siempre brillará, mientras nosotros como adultos nos aseguramos, de que esta luz nunca se apague.
(Mackeline Hernández)