“Jamás detengas el intelecto de un niño…

…deja que su imaginación vuele sin ningún límite y le veras disfrutar con gran alegría e inocencia de ello”.
Ese es un pensamiento que ahora entiendo y llevo grabado en mi cabeza como parte de la experiencia que en este pequeño hogar aprendí. Hace tres años, vine acá como una joven sin experiencia alguna, sin la más mínima idea de cómo tener paciencia para tratar con niños que se encuentran en situaciones de vida muy difíciles. Durante ese tiempo, fui testigo de cómo, uno como adulto, aprende de ellos y no solo ellos de nosotros. A veces creemos que es algo fácil seguirles el ritmo, pero no es así, mis pequeños Gusanitos me enseñaron que las energías es lo último que se les agota, de que si no hay con que jugar, ellos se lo inventan, que si la situación en sus hogares está difícil, hay que sonreír y seguir adelante y de que lo más importante es disfrutar de la niñez con gran inocencia y alegría. Claro no todo el tiempo se trata de risas y juegos, también se trata de corregirles que hicieran mal, pero eso jamás quito la confianza y cariño que ellos pusieron en mí.
Los Gusanitos, esos pequeños que a diario vienen a este hogar, me ayudaron a ver que no todo alrededor se trata de flores y corazones, que a como hay sus momentos para reír, también los hay para llorar pero jamás parar de soñar. Fui una profesora para apoyarles en sus estudios, una mano amiga para darles ánimo cuando se encontraban tristes, una enfermera para asistirles cuando se enfermaban, y como olvidar ese momento, que jamás imagine llegaría a hacer, en que me puse una peluca y una gran nariz roja y tome el nombre de la payasa Florecita, tan solo por verles una gran sonrisa de oreja a oreja en sus rostros. A todos, desde el más chiquitito hasta el más grande de ellos, a cada uno, los llevo en mi corazón, porque cada uno de ellos me dio una gran enseñanza:
No importa por qué situación, momento o problema estés pasando pero el niño que llevas dentro jamás debes abandonarlo. Claro está, que el mundo de los adultos es una gran pelota de puros enredos, pero los niños no tienen que ser los que pagan por esos errores.
(Andrea Pacheco)
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Con esas palabras se despida nuestra madrina Andrea de nosotros, después de tres años de servicio en nuestro pequeño hogar, para desarrollar su carrera. Por un lado una consecuencia lógica y deseada de nuestro programa «Nunca es demasiado tarde», por otro lado nuestras emociones se conmueven dando miles de vueltas cuando realmente llega el momento adecuado. Por eso dejamos ir a nuestra Andrea con un ojo llorando, pero con otro sonriente. Pero en realidad ella no nos abandona realmente, porque por su trabajo incomparable, ella nos deja su propia aura personal, lo que nunca se desvanecerá.
Querida Andrea, te deseamos en tus caminos profesionales como personales, que el éxito continuará y sobre todo, que por ninguna razón abandonas tus sueños. Estamos convencidos, que muy pronto nos veremos en uno de tus próximos conciertos.Aparte de eso estamos decididos, de que en pocos años somos clientes regulares en tu propia farmacia, 😉

(Priska Buchmann)
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