Con esta pequeña historia real…

… deseo a cada uno que el año 2015 sea lleno de
comprensión, tolerancia y armonía

Tortuga
Llegué justo en el momento cuando la tortuga había empezado a poner sus huevos. Detrás de ella estaba un muchacho arrodillado, medio tumbado con un balde rojo, interceptando sus huevos.
Le pregunté: ¿Qué haces con los huevos?
Me contestó: ¡Venderlos!
Enojada, frustrada, desilusionada y al mismo tiempo triste me alejé de este escenario agridulce.
Pensativa, me fui caminando por la playa, de vez en cuando apoyando a unas estrellas de mar, que no lograban dar la vuelta a tiempo, para chuparse y bajarse en la arena.
Poco a poco me calmé y me di cuenta que el muchacho parecía muy desnutrido, y bajo de sus ojos inflamados se encontraban dos semicírculos negros.
De pronto me encontré en un conflicto entre mis sentimientos por la naturaleza en general, y mi espíritu marcado por la dignidad humana. Me duele hasta la médula que por culpa de la justicia desequilibrada mundial sea necesario proteger un animal de la humanidad. En este caso un animal muy parecido a un dinosaurio, que desde hace millones de siglos comparte este planeta con nosotros, pero…
…volví al lugar de la escena para comprar los huevos de la tortuga, para enterarlos en un lugar escondido.
Mientras tanto ya casi había pasado una hora y el muchacho lamentablemente ya no estaba.
La tortuga estaba allí, moviendo sus enormes aletas en grandes semicírculos para tapar su nido. Lentamente y agotada dio la vuelta para ponerse en el camino largo al mar. Desde una cierta distancia para no molestarla, me permitió observar ese reptil impresionante. Me fascinó como la tortuga se arrastró metro por metro hacia adelante, para pararse de nuevo. En sus respiraderos ella dejaba hinchar su cuello considerablemente un par de veces, así como nosotros dejamos hinchar el pecho cuando respiramos profundamente para atacar la siguiente etapa. Llegada a la orilla del mar ella se dejó deslizar graciosamente en las olas. Parecía que ella en este momento había perdido cienes de kilos.
Infinitamente contenta que la naturaleza me haya dejado ser parte de ese espectáculo, mis ojos la persiguieron, hasta que desapareció en el horizonte como un pequeño punto.
Su cara tan cariñosa con la boca parecida un poquito a un chocoyo de tamaño superdimensional, sus ojos bondadosos y su carisma de una mente infinitamente paciente, para siempre permanecerán en mi corazón.
Feliz pero también pensativa me fui caminando por el río a casa, y en secreto espero que el muchacho no le haya quitado todos sus huevos. Pero encima de todo deseo a todos los humanos, que algún día cambien las circunstancias sociales, jerarquías, humanas como económicas de modo que ya no sea necesario privar a una tortuga de su descendencia.
(Priska Buchmann Scherer)