El hilo invisible…

Las fotos sobre el ambiente alegre de nuestro paseo a La Máquina en Diriamba (que nombre tan horrible por un lugar muy idílico) podían llenar libros. Pero en esos paseos, así como en nuestra cotidiana ocurren pequeñas y grandes maravillas entre nosotros y nuestros niñ@s, que no se pueden capturar en fotos, y mucho menos empacarlas en palabras. Pero nuestra Madrina Mayra ha logrado esa acrobacia mientras ha encontrado las palabras perfectas, para describir este parte de nuestro trabajo, mejor dijo este parte de nuestra pasión.

El hilo invisible
En ese río viendo correr el agua, en medio de ese bosque hermoso con un niño a mi lado. Sentí tranquilidad, alegría y por un momento jugué a ser niña, después madre. Ese niño no es mi hijo biológico, pero si, él es mi hijo de alma. Su sencillez enterneció mi alma, lo sentí mi hijo y creo el me sintió como su mamá. Jugamos un rato con el agua, yo señalando los peces, las libélulas sobrevolando cerca del agua. Maravillándome con las mariposas que volaban a nuestro alrededor, tratando de ver sonreír sus ojos tristes. Mi dedo apuntando hacia la copa de los arboles señalando los pájaros, uno que otro garrobo, a lo lejos el sonido de la cascada. Caminamos y caminamos, nos sentamos en una piedra dentro del agua, y mojamos nuestros pies. Jugando un poco con el agua, mientras quería saber algo de su sentir, de su vida. Steven es un niño muy especial, sin madre, con un padre que hace por dos. Uno de esos niños, que la mayoría de niños que se sienten mejor que él. Lo ridiculizan y hacen que él se sienta muy mal. Hoy decido sacar lo mejor de Steven. Solo necesita sentir que él es importante, que él es único, que él es protegido, dejarle sentir que es amado. Steven no pide nada caro, ni siquiera que le bajen una estrella sus ojos, su alma solo pide amor y comprensión.
(Mayra Bravo, Julio 2014)