¿Te apetece un cuento real?

Había una vez un árbol hermosísimo, y como último sobreviviente en nuestra calle hizo a sus hermanos fallecidos todo el honor. El árbol era majestuoso, generoso y único. Invitaba a los pájaros a reunirse, les invitaba a construir nidos y ampliar sus familias. Las plumas de colores de los pájaros eran sus flores y dentro de él siempre se encontró un alegre gorjean, que con el oscurecer se convirtió en un silencio mágico.
Pero el árbol no sólo por el mundo de las aves era un fuente de refresco, sino también donó a tantos trabajadores su bien merecido respiro bajo de su techo de hojas. Varias parejas enamorados recibieron su primer beso bajo de su abrigo, pero él también podría cantar montones cantos tristes sobre las lágrimas humanas que fluyeron por su tronco.
Una mañana se acercó la tragedia en forma de mano humana, amarrado con un machete. En menos de 3 horas fue destruido, lo que se ha desarrollado durante 20 años. Lo único que sobrevivió de este antiguo y hermoso árbol, eran aislados partes de su tronco. Y cuando entra la oscuridad acompañado de su silencio mágico, el árbol llora suavemente por sí mismo. Las lágrimas le salen por los poros de su tronco, y forman pequeños riachuelos que corren imparable hasta abajo en sus raíces.
Así pasaron los días, la gente pasaba por la calle y se sentaron al lado del tronco. Por incomodidad cambiaron su hogar del descanso al otro lado de la calle, por a donde un muro de una casa les dio poquito protección por el sol. La mayoría de la gente no se dio cuenta de donde vino su incomodidad, y a nadie faltó el canto de los pájaros. Ahí al otro lado de la calle empezaron a discutir sobre el calor insoportable, y que habían escuchado que el problema sea el medio ambiente, pero nadie sabía exactamente de lo que se trataba con este medio ambiente. Mientras discutieron, comieron, tomaron y eliminaron sus basuras en la calle, sabían comentarse de que la cosa del medio ambiente se trataba de algo, que los demás destruyen con su comportamiento en relación con la naturaleza.


Pero a algunos niños curiosos no escapó la destrucción de su árbol, y no le dejaban solo en su dolor. Y si pasas algún día por nuestra casa y te fijas bien, encuentras cada mañana y cada tarde una niña, echando agua al árbol. Y el árbol se les agradece mucho, porque mientras tanto su tronco muestra aquí y allá algunos tiernitos brotes verdes.

(Priska Buchmann Scherer, Mayo 2014)