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Círculo vicioso

Miles de padres, madres, jóvenes, otra vez huyendo, dejando su patria, dejando sus hijas e hijos. Unos por falta de perspectivas económicas, otros por persecución política. Por falta de dinero huyen sin pasaportes, poniéndose al riesgo de perderse en el camino de la última esperanza. Familias separadas, la pesadilla que persigue al pueblo nicaragüense hace ciclos, está una vez más hecha realidad.
Padres, madres, que hace 6 años han empezado a levantarse de su estado letargo, mientras buscaban trabajo y poco a poco se han mantenido de su propia fuerza. Aunque tenían trabajos mal pagados, ganaron lo suficiente para comprar comida sencilla y pagar los gastos escolares de sus hijas e hijos. Y más, con razón los padres estaban orgullosos, que han logrado alejar a sus hijas e hijos del trabajo infantil.
Me duele hasta lo más profundo de mi corazón, ver con impotencia que el trabajo que hicimos juntos con estos padres, de un día al otro, está en peligro de hundirse en la nada. Me cuesta a aguantar la mirada en los ojos tristes de nuestras niñas y nuestros niños, que lloran por su papá o su mamá. Mientras sus labios sufren silenciosamente, hablan sus ojos sobre la falta de caricia, cercanía, cariño, preocupación, palabras de ánimo y si, también les faltan los regaños de sus padres.
Ya tengo 11 años de vivir en Nicaragua y hoy este pueblo nicaragüense una vez más me ha dado una gran lección. Ya puedo entender esta sensación de querer caer en un desmayo sin límites. Este estado mágico de aletargamiento, que deseas darle seguimiento, sin que nada y nadie te despierta. Entiendo el porqué, entiendo porque ellos mismos se han abandonado.
He aprendido a entender, porqué nuestro trabajo al principio fue tan difícil, porqué necesitábamos este enorme esfuerzo, a despertarles de su apatía. Ya veo el enorme sacrificio, que invirtieron y lo difícil que fue para ellas y ellos, a levantarse de nuevo. Aprecio mucho más la confianza que han depositado en nosotros y los admiro, que a pesar de todo no han perdido la esperanza y una vez más han decidido a caminar este camino doloroso.
(Priska Buchmann Scherer)

Se acuerdan de Aixa…

…la muchachita tímida y excepcionalmente inteligente. La mujercita que fue una de las primeras niñas que hemos atendido en nuestro Paraíso de Infancia Los GUSANITOS Tamarindo. La mamá sustituta que, como hermana mayor, siempre se preocupaba por el bienestar de sus siete hermanas y hermanos menores.
Aixa una vez más nos ha enseñado, de que “por donde el amor cae, tiene que caer” y “En contra de las hormonas locas, no puede ni la inteligencia”, ;-).
Aunque parece como que hemos fallado por el tema de la educación sexual con ella, somos ni menos contentos sobre el nacimiento de su hija Mariquita. Bueno, en realidad esa dulzura se llama María, pero no puedo quitarme la mala costumbre de darles sobrenombres adecuados, a niñas o niños, que a primera vista se deslizan en mi corazón, ;-).
Querida Aixa, me alegra que a pesar de este pequeño dulce “incidente” continúes con tu secundaria. Esto, especialmente en nuestras latitudes, requiere mucho coraje, fuerza y energía. Te deseo, que esta pequeña y tierna criatura te da las fuerzas necesarias, por el camino pedregoso delante de ti. Que Mariquita te llenará con amor y alegría en momentos difíciles y que ella haya heredado muchas cualidades de tu buen carácter.
(Priska Buchmann Scherer)

Diversión, distracción, educación…

…siempre siguiendo a nuestro lema, jugando aprendemos. Así hemos creado un pequeño parkour, por a donde nuestras niñas y nuestros niños pueden divertirse. Y mientras mentalmente y físicamente se mantienen en forma, sin darse cuenta aprenden montones de cosas sobre los temas colores, números, orientaciones, equilibrio, consideración, etc., ;-). Una vez más nos dimos cuenta de que, sin explicaciones y sin reglas todo funciona mejor. Así las niñas y los niños descubren infinitas maneras de jugar en este parkour. Y con cada nuevo juego que descubren, elaboraron sus propias reglas.

¡ Grito silencioso !

Han pasado casi dos meses, donde hemos vivido varias facetas de la violencia. Dos meses en un baño alterno de emociones, entre esperanza y decepción, mientras la decepción gana más y más peso. No solamente nos sirven hora por hora en cada canal las sangrientas novedades sin filtro, sino debemos vivirlos en vivo en nuestras calles. Mientras cometen todas estas crueldades sin piedad parece como que, en el calor de las batallas, se han olvidado completamente de los miles de niñas y niños que les rodean. Realmente parece como que ellos no son parte de la sociedad nicaragüense y que nadie piensa en el daño, que causan en las psiques frágiles de esas criaturas más indefensas.
Yo solamente puedo hablar sobre los cambios en nuestr@s 70 niñ@s, pero me imagino que a tod@s les va igual, sino peor:
Cuando nuestros niños con sus carritos juegan tranques, lo miro con un ojo llorando y con otro sonriendo. Pero cuando les preguntamos, qué es lo que quieren jugar y nos responden en un solo coro: “Queremos jugar guerra”, lo veo como grito auxiliar de sus emociones reprimidas. Con mucha preocupación hemos notado unos y otros cambios, que se han deslizado imparablemente en las almas de nuestras niñas y nuestros niños. En general son mucho más inquietos, desenfocados y más agresivos que como hace dos meses. Varias niñas y niños han bajado mucho de peso y nuestra lista para la indicación de vitaminas extras es cada día más larga. Cuando vienen por las mañanas, me siento que estoy cinco años atrás, porque la mayoría pide desayuno. Donde hace solo dos meses, se construyeron castillos, parques, casas y animales de legos, se producen hoy pistolas y rifles. Mientras tanto saben mejor de que material se compone un mortero y como se usa, que memorizarse las tablas. Donde antes cantaron canciones infantiles, que solían sonar en sus voces brillantes y claras, gritan hoy las rimas con todo su dolor. Y lo peor de todo, niñas y niños de 6, 7 u 8 años, que nunca han tenido problemas con la vejiga, se orinan en pleno día.
Y cuando vienen corriendo a media noche, tocando a mi puerta en búsqueda de un lugar seguro, casi se me quiebra mi corazón. Y cuando les veo dormido, bien profundo en toda su inocencia, mi alma se derrite.
Esto solamente son unos pequeños ejemplos de la parte superior del iceberg, que se llama niñez nicaragüense que sufre en silencio, mientras su entorno gritando sube en llamas.
(Priska Buchmann Scherer)

Ay Nicaragua, Nicaragüita

Hemos pasado un hermoso día, el eco de los cantos infantiles desaparece lentamente y se mezcla con el ruido de las explosiones y el zumbido de los helicópteros, dando vueltas en el cielo nocturno, donde ni una sola estrella brilla. Mientras la gente se batalla entre sí, cada disparo destruye un trocito más del sueño, que he soñado por un futuro harmonioso para nuestras niñas y niños de este lindo país. Mis emociones se desbordan y dejan que las lágrimas corran salvajemente por mis mejillas.